lunes, 18 de marzo de 2019

Solidaridades y contradicciones: Maduro como amenaza para la libertad de la región



Las solidaridades automáticas, en política como en otros aspectos de nuestra vida social, pueden llegar a generar posturas carentes de objetividad. Ejemplos de esta clase de comportamiento tenemos doquier; sería ridículo afirmar que ese fenómeno ocurre solo para quienes piensan de una manera u otra, cuando una verdad es que todos en algún momento respondemos a solidaridades automáticas, por muy primitivo que esto pueda ser, como bien explicó Emile Durkheim. Aunque estas respuestas mecánicas  se nos plantean como un hecho constante, no debe ser un obstáculo permanente en el afán de  intentar minimizarlas y dar mayor espacio al raciocinio.


Como es imposible pretender abarcar un todo en este mundo de análisis y opinión  sobre los acontecimientos que definen el rumbo de nuestras sociedades, en esta ocasión me permito hablar sobre una solidaridad automática que se mantiene en paralelo al crecimiento de la internacionalmente reconocida crisis que hace añicos la calidad de vida de la mayoría de los venezolanos.

Incluso no sé si “calidad de vida” sea una referencia adecuada, por lo que procederé a replantear la idea, pues desde hace bastante tiempo la situación venezolana no se trata del desmejoramiento de la calidad de vida, no: se trata del maltrato y humillación sistemática como método para lograr el sometimiento permanente de una población. Un caso de neototalitarismo se podría decir, donde es prácticamente imposible encontrar calidad en cualquier aspecto de la vida, pues se trata de un modelo ideado para que las personas apenas intenten sobrevivir.   

Bien, esa solidaridad a la que me refiero se trata de la expresada por diversos sectores de la izquierda internacional, quienes justifican y apoyan abiertamente a regímenes como el de Maduro. Esta actitud, como mínimo, representa una hostilidad y un atrevimiento infinito en contra de quienes están padeciendo la grave crisis humanitaria que se vive en Venezuela.

Resulta alarmante notar la existencia de  numerosos  grupos de personas que fungen como sostén moral y apoyo internacional de un régimen que no reconoce la otredad  y que concibe como válido cualquier método para mantenerse en el poder, incluso si  implica asesinar o encarcelar. Y digo alarmante pues le da forma a un grupo social que adopta actitudes realmente peligrosas para la estabilidad y seguridad del mundo libre. Personas que con soporte en ataduras ideológicas están dispuestas a apoyar sistemas políticos crueles, destructores de la democracia e incompatibles con el disentir.

Ese grupo  goza de una profunda base contradictoria; apreciable al comparar sus discursos referentes a la igualdad y justicia social con su irrestricto apoyo a supremacías asesinas en países como Venezuela, Cuba, China o Rusia, donde las libertades están terriblemente minimizadas, donde ser opositor al poder, ser indígena, ser homosexual y hasta ser mujer, resulta una osadía que atenta contra el monopolio de la verdad, profundamente moralista, impuesto por las  respectivas cúpulas dominantes.

Esa solidaridad automática de ciertos sectores de la izquierda mundial con este tipo de regímenes, ha contribuido, al menos en buena parte de Latinoamérica, al debilitamiento de este espectro político-ideológico, cuestión que le ha facilitado, en buena medida,  el camino a los movimientos que van, desde la centro izquierda a la derecha,  en su masivo ascenso al poder en la región.

Esto a pesar de que dicha solidaridad  no es secundada por la totalidad de los movimientos políticos y sociales más vinculados a las ideas de izquierda, de hecho las manifestaciones a favor, en el caso venezolano, de la lucha emprendida para lograr el cese de la usurpación presidencial son realmente amplias en buena parte de la izquierda regional.

 Y es que la salida del poder del régimen de Maduro sería un hecho de gran conveniencia  electoral para la izquierda democrática y los sectores más progresistas, y en general para todos los que creemos que los derechos humanos y las libertades son un asunto universal que debe ser defendido de manera transversal por todas las corrientes políticas.

Insistir a estas alturas que las violaciones de los derechos humanos no deben ser evaluadas según la ideología de los violadores, debería ser algo innecesario, sin embargo no lo es, pues es aún muy recurrente la emisión de juicios atados a simpatías políticas.

El mensaje de desligar ideología de derechos humanos, reivindicando su carácter universal,  debe aumentar con fuerza para contrarrestar a esos sectores  de izquierda que pretenden constantemente, gracias  a sus poderosos sistemas propagandísticos, extrapolar situaciones como la venezolana  a un, estéril y sobre todo agotado, terreno de disputa con los Estados Unidos. De hecho esta resulta ser la principal base argumental de estos sectores, que hipócritamente intentan acudir al antiamericanismo para así justificar o, en el caso más conservador, ignorar el sufrimiento de una población oprimida.

Eso sí, y es necesario resaltar lo siguiente: lo llamativo del asunto es que esos apoyos se suelen dar desde tierras lejanas a las zonas en conflicto; es así como vemos  grupos comunistas en Estados Unidos apoyando al dictador Maduro, o al kirchnerismo argentino “bancando” a sus pares ideológicos venezolanos, respondiendo siempre a la lógica de confrontación con el gobierno de los Estados Unidos pero sin atreverse a vivir la cruda realidad  en suelo venezolano o al menos hacer una etnografía digital objetiva, lo que bastaría para echar por tierra las absurdas teorías que plantean el caso Venezuela como una confrontación Trump-Maduro a diferencia de la verdad que muchos planteamos: un ataque programático y criminal  de Maduro y su cúpula contra Venezuela.

Ante este panorama debemos asumir la responsabilidad de seguir alertando, desde la fuerza de las ideas,  sobre el peligro que significa la propagación de regímenes como el de Maduro a través de estos sectores indolentes y contradictorios, serviles a una perversa y peligrosa solidaridad automática que sin duda puede poner en peligro las libertades que gozamos en nuestro mundo occidental, las cuales debemos defender con la mayor firmeza e insistencia posible para, en vez de perderlas poder mejorarlas y hacer que nuestras sociedades gocen de más justicia y bienestar.

Entendamos esta situación no como una disputa entre ideologías, sino entre aquellos que apuestan por la razón de la fuerza y no por la fuerza de la razón.

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Escrito por: Emerson Cabaña
Imagen extraída de: www.Infobae.com


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